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22
Mayo
2019

Experiencia en Guinea Ecuatorial

Experiencia en Guinea Ecuatorial

Desde muy joven tenía la inquietud de viajar a África para conocer de cerca las necesidades de este continente. Al llegar a la edad de mi jubilación pensé que este era el momento, ¡ahora o nunca! 

Empecé a buscar cómo podría hacer realidad esta experiencia y contacté con las Hijas de la Caridad. Ahí comenzó todo. Ellas me propusieron viajar a Guinea Ecuatorial, a un poblado llamado Mokom, donde ellas tienen una misión: gestionan un colegio, un centro de salud, tienen la comunidad, atienden las necesidades de la gente del poblado, etc.

A medida que pasaban los días me ilusionaba más con este proyecto: quería decidirme a viajar a África. Me sentía contenta y feliz tan sólo de pensar que podría llevar a cabo mi inquietud de servicio hacia los más necesitados.

Todo fue bastante fácil: las hermanas me tramitaron el visado para poder ser admitida en el país, ya que no es nada fácil, tratándose de Guinea, y mi familia me apoyó en todo momento para poder realizar el proyecto. Todos teníamos nuestros miedos y dudas pero decidimos ser valientes, me animaron a dejarme llevar por lo que mi corazón sentía.

Preparativos para viajar, vacunas, pasaporte, visado, pensar en las cosas más prácticas que tenía que saber, qué ropa y enseres llevarme... Todo este ajetreo me llenaba de entusiasmo, ¡hasta los preparativos me llenaban de energía!

Llegó el momento de las despedidas y todo fue increíble: recibí mucho cariño y mucha fuerza de mis hijos, amigos y conocidos, parecía que todos íbamos a viajar a África.

Estaba feliz porque veía a toda la gente de mi entorno contenta. E inicié la aventura. Ya de Girona a Madrid viajé acompañada con hermanas que hacían el mismo trayecto, y de Madrid a Guinea fuí con S. M. José y S. Esther que también visitaban a la comunidad de Mokom i Micomesent. Un viaje largo, pero sin ningún contratiempo.

Llegué a la comunidad donde me acogieron con ilusión y mucho cariño. Poco a poco me enseñaron las necesidades del centro de salud, ¿Cuál sería mi misión como enfermera?

Mi primera sorpresa fue ver que no había médicos. Las hermanas y la enfermera nativa que hay en el centro son las que diagnostican y ponen tratamiento según los síntomas que presentan los pacientes y, ¡con que acierto lo hacen! Con su sencillez y cariño me han enseñado a trabajar para solucionar los problemas de salud, entre ellos el paludismo, demasiado extendido entre los habitantes de Guinea. La falta de agua dificulta mucho la higiene y la salud, pues solo tienen un pozo en todo el poblado para extraer agua. Acuden a él a recogerla para lavar, para su higiene personal y para beber. Se intenta sensibilizar a las gentes acerca de la importancia que tiene vacunar a niños y mayores para prevenir enfermedades. La planificación familiar es otro de los objetivos muy importantes para poder sensibilizar a hombres y mujeres en el control de la fertilidad.

Se da, puesto que es primordial, especial atención a la formación de las personas que trabajan en el centro para mejorar la calidad asistencial de los pacientes.

Mi experiencia en el centro de salud ha sido muy enriquecedora: con pocos recursos se atiende a las personas de manera humana y profesional.

Las hermanas realizan todos estos servicios con cariño, amabilidad y generosidad, virtudes muy necesarias en este pequeño rincón del mundo.

Me impresionó enormemente el conocimiento y la entrega de S. Teresa y de Marce. Muchos años al servicio de los habitantes de Guinea, y están integradas totalmente en el país, ¡cuanto esfuerzo y sacrificio en todo este tiempo!

Al terminar mi jornada en el centro de salud, ya por la tarde, realizaba pequeños servicios en la escuela de la misión. Que puedo decir de la escuela... Las hermanas trabajan para la formación de los niños guineanos con exigencia y tesón. Poco a poco van consiguiendo que adolescentes y jóvenes vayan adquiriendo responsabilidad en sus vidas para tener valor para poder cambiar lo que en ellas y en su país puedan cambiar, y puedan realizar estudios superiores que les permitan tener un mejor modo de vida.

Educación, limpieza, orden, estudio, creatividad, flexibilidad y exigencia, son valores que las hermanas trabajan con sus niños para ayudarlos a que sean personas responsables.

La hermana M. Angels, directora de la escuela, es el motor del colegio, y hace que sea modelo para todas las escuelas de Guinea.

Ya al atardecer, después de las pequeñas tareas en la escuela, el paseo por el poblado para conocer y conversar con sus gentes. ¡Qué queridas son las hermanas! Se les nota en sus frases, en su cara, en su sonrisa. Para ellos son las personas a las que tienen mucho que agradecer: quien más quien menos ha recibido sus favores, forman parte de su vida, acuden a ellas con sus problemas grandes o pequeños, confiando que les ayudaran a solucionar sus necesidades.

Y las puestas de sol..., algo increíble en este país. La naturaleza te llena de paz, sientes a Dios presente en ella, en el atardecer, lleno de silencio y de colores. El sol se va pero la luna asoma con su fuerza y su luz.

Más tarde llegaba la oración con la comunidad, en comunión con todas las personas que están cerca, pero también con las que están lejos. El silencio, el recogimiento, el agradecimiento de todas las vivencias del día, momentos llenos de paz para reponer fuerzas para seguir entregándote a las necesidades del día siguiente.

Este es un breve resumen del transcurso de un día en el poblado, pero no quiero dejar de comentar las celebraciones eucarísticas de los domingos y de los días festivos en motivo de alguna celebración importante. Los cantos en la misa, con un coro fang y un coro con canciones en español; viven la Eucaristía con entusiasmo, alegría y ritmo, y contagian a todos los que asisten. Podría pasarme horas escuchando sus canciones.

También los domingos la hermana Amélia lleva la comunión a personas enfermas o ancianas, con todo su cariño y devoción, cosa que ellos agradecen infinitamente. Se sienten acogidos y acompañados en su soledad.

He compartido todas estas realidades con una compañera de voluntariado, Aurora. Con ella he vivido y participado en todas las vivencias, y hemos pasado ratos fantásticos, agradeciendo todo lo que hemos recibido.

También quiero resaltar la importancia de las comunidades religiosas que hay en Guinea, gracias a la colaboración y ayuda entre ellas, Guinea crece, esperando un nuevo resurgir en sus gentes y su país.

He llegado a España y ya me gustaría estar otra vez en medio de aquella gente sencilla, acogedora, con múltiples necesidades difíciles de solucionar, pero que te quieren y te lo demuestran. Te das cuenta que la felicidad está en las pequeñas cosas, sin casi nada puedes vivir feliz y con alegría.

He sido muy feliz en mi estancia en Guinea. Mi oración es de acción de gracias a Dios y a la comunidad por haberme acogido y haberme dado la oportunidad de vivir esta aventura, estas vivencias increíbles. Gracias por vuestra dedicación hacia mí, por vuestra confianza, por vuestra ayuda, por todo lo que me habéis enseñado, y sobre todo por acogerme en vuestra comunidad con todo lo que ello significa. Gracias también a la Sor Concepción a la Sor M. José y Sor Esther, a Sor M. Luisa a Sor Ana, y a Sor Teresa Brull por habérmelo hecho todo tan fácil.

Espero poder transmitir el testimonio que me habéis dado a mi familia, a mis amigos, y a toda la gente que me rodea, para que así conozca el mundo la labor que vosotras hacéis, la realidad que vivís cada día. Gracias por ser como sois, por vuestra entrega y fidelidad.

Espero poder volver pronto, porque ya siento añoranza de aquel pequeño rincón del mundo que me ha robado el corazón.

Isabel Cervera

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