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La semana pasada celebramos la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, donde reivindicamos la necesidad de una vivienda digna junto con el trabajo decente para tener vidas vivibles. Hoy, coincidiendo con el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, volvemos a retomar este tema, que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) incluye en el primer año de su marco trienal: 2026-2028. Unidos por la Paz y los Derechos Humanos. Además, en noviembre del año pasado, la Asamblea General de la ONU, buscando reforzar esta línea estratégica adoptó la Declaración Política de Doha (A/RES/80/5) en la Segunda Cumbre Mundial para el Desarrollo Social. Dentro de los derechos que se necesitan para tener una vida digna se incluye: una vivienda adecuada, segura, accesible y asequible.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, metas para un futuro mejor para todas y todos.
El último Informe de Progresos realizados hacía la consecución de los ODS en el año 2030, nos muestra que cada vez es más urgente “la consolidación de los logros, la aceleración de los progresos y la reversión de las tendencias negativas”. De las 139 metas que se mencionan en estos objetivos, tan solo el 36 % van por el buen camino para llegar a cumplirse en 2030, cerca de la mitad está en “progresos mínimos” y el 15% restante muestra retrocesos según los datos marcados en 2015, cuando se comenzó el trabajo para cumplirlos.
PERSONAS VIVIENDO EN EXTREMA POBREZA de Comunicación COVIDE-AMVEEn cuanto a la erradicación de la pobreza, el ODS 1 busca precisamente poner fin a esta realidad en todas sus formas. Según este informe, su reducción se ha visto bastante ralentizada en comparación con el periodo anterior (1990 – 2015) a la aparición de los ODS. En el año 2026, 1 de cada 10 personas en el mundo vive en extrema pobreza. Además, los datos de este documento nos revelan que durante el año 2023 más de la mitad de la población mundial (52,4 %) recibía algún tipo de prestación social. Esto supone un aumento del 9,6 puntos porcentuales respecto a la cifra original, situada en el 42,8%.
Vivienda digna: punto de partida para el resto de derechos.
Seguridad, estabilidad o intimidad, son algunas de las cosas que proporciona tener una vivienda digna. Habitar este espacio proporciona la posibilidad de ejercer muchos derechos y poder crear un proyecto de vida. Cuando una familia no dispone de una vivienda con estas condiciones, todos los ámbitos de su vida se ven afectados. Cuidar la salud, tener una adecuada higiene personal, estudiar o conservar un empleo, se vuelve prácticamente insostenible ante esta ausencia. Por ello, la conocida como inseguridad habitacional es tanto una causa como una consecuencia de la pobreza.
Según los datos de la ONU, 2.800 millones de personas en el mundo sufren esta inseguridad. De ellos, 1.100 millones viven en asentamientos de carácter informal o en barrios marginales. Además, más de 300 millones carecen de un espacio al que poder llamar hogar. Las personas que ya se encuentran en situación de pobreza o exclusión social, son las que generalmente están más expuestas a este problema. En muchos países, estas situaciones se derivan de factores externos como los conflictos armados o el cambio climático, que deja a millones de personas sin la posibilidad de un espacio seguro y digno.
Comprometidos en la lucha por una vivienda y unas condiciones de vida dignas.
Durante este 2026, nuestro trabajo se está desarrollando a través del ODS 11: Ciudades y Comunidades sostenibles. Por ello, nuestros esfuerzos se han centrado en proyectos donde, entre otras cosas, las comunidades del sur global reclaman una vivienda digna. Así, en el sur de Mozambique, las graves inundaciones registradas en enero de 2026 afectaron a comunidades de las provincias de Gaza y Maputo, provocando la pérdida simultánea de viviendas, cultivos, medios de subsistencia y acceso a servicios esenciales. Ante esta situación, nuestro proyecto trabaja para que la recuperación no consista únicamente en volver a levantar lo que el agua destruyó, sino en hacerlo de una manera más segura y preparada frente a futuras emergencias.

En Tanaguarena, Venezuela, el terremoto del pasado mes de junio dejó también a numerosas familias en una situación de gran precariedad. Allí, la recuperación ha puesto de manifiesto otra dimensión fundamental del hogar: la necesidad de disponer de espacios seguros donde encontrarse, sentirse acompañado y reconstruir los vínculos que una catástrofe también puede romper. Por ello, una de las principales actuaciones es la creación de la Casa del Encuentro, un espacio abierto a la comunidad destinado a la escucha, el acompañamiento psicosocial y el apoyo mutuo. Desde allí se desarrollan acciones dirigidas a familias, mujeres cuidadoras, niños y niñas, junto con la distribución periódica de alimentos y medicamentos básicos para 100 familias damnificadas.

En COVIDE-AMVE, no nos sirve solamente apoyar y acompañar a las comunidades en la reconstrucción de sus casas, sino que para nosotros es todavía más importante reconstruir las condiciones que permitan a las comunidades vivir con dignidad y derechos. Erradicar la pobreza significa, en definitiva, crear las condiciones para que todas las personas puedan ejercer sus derechos y decidir sobre su propio futuro. Educación, salud, alimentación, protección, empleo o vivienda no son necesidades independientes, sino dimensiones de una misma vida que merece ser vivida con dignidad.
