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PREGUNTA: Bienvenida de nuevo a la sede de COVIDE-AMVE. ¿hace cuánto que no pasaba por aquí?
RESPUESTA: Cuando volví a España hará un año.
P: ¿Cuál fue el camino que te llevó a decir “sí” a la vida misionera como Hija de la Caridad?
R: Desde siempre tenía el deseo de ser misionera. Fui a un colegio religioso, que no eran Hijas de la Caridad sino de la Pureza de María, al que venían misioneros, nos daban charlas sobre su experiencia… Yo tenía siempre eso en el horizonte, me gustaba muchísimo escucharlos y soñaba que algún día podría ser. Cuando empecé a estudiar en la Universidad, conocí a una comunidad de Hijas de la Caridad que estaban en Valencia con críos de familias desestructuradas. Me gustó mucho el trabajo, como ellas lo hacían y como se posicionaban, por lo que decidí empezar a colaborar con ellas. Posteriormente tuve una experiencia misionera con ellas en Bolivia y ya vi claro que mi carisma era ese, el de las Hijas de la Caridad.
P: ¿Cuáles son los principales proyectos que tienen las Hijas de la Caridad en Mozambique?
R: Los principales proyectos son de Salud y Educación. Tenemos un hospital muy importante, El Carmelo, de referencia en SIDA y Tuberculosis; en Nacala tenemos el Centro de Salud Akumi. En Educación, tenemos 8 escuelas de primaria y secundaria, así como “escolihnas” o jardines de infancia dentro de estas 8 escuelas o en los barrios. Este es un trabajo muy bonito de campo porque preparas a los niños para la educación.
P: ¿Cómo es un día típico en tu labor como misionera en el país?
R: En nuestra vida comunitaria lo primero es reunirnos en la capilla para rezar los Laudes. Después desayunamos (aunque algunas salen antes) y vamos a los servicios, yo a la escuela. Vamos antes de que empiece a llegar la gente para abrir las aulas, la secretaria, ver como están las cosas y dejarlo todo preparado para que los profesores puedan empezar a trabajar. A continuación, llegan los alumnos, a los que se les dan las indicaciones del día y se canta el himno nacional.
Tras esto empieza la tarea diaria de una escuela. Estamos en el colegio desde las seis y media de la mañana hasta las cinco de la tarde. Los niños también comen en la escuela porque, al ser una zona marginal, hay muchas mujeres solas con los niños, familias muy vulnerables… En total se da de comer a 2.000 niños. ¡Así se nos pasa el día! A partir de las cinco volvemos a casa, rezamos, vamos a misa a la parroquia, cenamos y terminamos con un momento para compartir, ver las noticias, etc. Los fines de semana, al no haber escuela, tenemos actividades principalmente en la parroquia.

P: ¿Cómo transmitís el mensaje vicenciano en vuestra misión?
R: Pues en este contexto, en nuestra escuela, priorizamos la atención a los más vulnerables. Por ejemplo, este año abrimos una sala para los niños con necesidades especiales; queremos mejorar la atención a estos porque, de otra manera, estarían en casa sin atención. También les educamos en que valoren lo que tenemos: que cuiden el mobiliario, el valor de las cosas… También, que la sensibilidad por el otro la tengan ellos con sus vecinos, sus compañeros, los profesores con sus alumnos…
P: Mozambique acaba de sufrir un periodo de lluvias torrenciales que ha afectado a toda el área del África del sur y oriental y ha provocado cientos de muertos y miles de desplazados, ¿cómo ha afectado a las Hijas de la Caridad y sus obras en la zona?
R: De las cinco comunidades que estamos en la provincia de Gaza, tres tuvieron que salir porque no tenía recursos suficientes para aguantar allí si subía el agua, las otras dos nos quedamos en el mismo Chokwè y subimos absolutamente todo al primer piso. En el Hospital El Carmelo subimos absolutamente todo: aparatos, ordenadores, etc. las hermanas allí ya tienen experiencia porque es la cuarta vez que les pasa.
Nosotras en San José, con menos experiencia y peores condiciones, subimos a una especie de refugio que teníamos arriba. Subimos muchas cosas con nosotras, otras las pusimos en alto… y aguantamos allí todo el temporal. Fue horrible, tres días lloviendo con una intensidad muy grande y llegando agua del río desbordado… la verdad que se pasa muy mal. La dimensión de lo sucedido fue enorme, hasta que no comenzamos a ver los videos no nos hicimos idea: el desbordamiento del río ocupada un ancho de 35 kilómetros.
Los habitantes de estos lugares se subieron a los tejados, otras consiguieron salir antes a zonas donde no llegó el agua… El problema fue que, después, no tenía alimentación… Hay mucha gente afectada. La comunidad de Chalokuane, por ejemplo, se refugió en Maçia. Allí, junto con las Hermanas Franciscanas que abrieron su casa ayudamos a los refugiados: podían beber agua, lavarse y lavar ropa, pudimos ofrecer comida, etc.
P: Esta situación se ve todavía más agravada por los problemas que arrastra el país, ¿cómo está afectando a la población?
R: La población está sufriendo muchísimo porque lo que era su medio de vida: las machanbas [cultivos], están totalmente muertas. Muchas mujeres solían vender en el mercado diariamente una parte de los cultivos y, con esos ingresos, conseguían comer de forma diaria ella y su familia. Ahora, no tienen que vender. Osea, si la gente tenía una economía de subsistencia, ahora no tienen ni eso. Quien tiene reservas es capaz de aguantar, pero cuando no tienes ni eso, como la mayoría de la población, pues no tienen forma de salir adelante.
En el norte, ahora mismo está lloviendo muchísimo, hay una gran erosión del terreno, el año pasado hubo dos ciclones… Mozambique es, ahora mismo, un país muy castigado por la climatología.
P: Los científicos hablan de que estos fenómenos están provocados e intensificados debido al cambio climático. En los 23 años que lleva en el país, ¿ha notado mucha diferencia en la climatología debido a los efectos de este fenómeno?
R: Sí, yo creo que sí. Ahora es más fuerte. Por ejemplo, en el 2020, hubo unas inundaciones como estas en intensidad.

P: Por último, para todos aquellos que nos leen y sientan la necesidad de colaborar, ¿cómo pueden colaborar para que las Hijas de la Caridad puedan continuar ayudando a los más vulnerables en el país?
R: Yo creo que a través de la sensibilidad por los problemas de los demás, aunque estemos lejos. Sentir que estamos acompañadas en nuestro trabajo ya es mucho, porque somos parte de la Iglesia, somos comunidad. A través de la oración, en el tejer redes para apoyar, como hemos hecho allí estos días para ayudar a los refugiados que estaban allí aislados. También, a pesar de la distancia, también se puede colaborar económicamente y, no solo económicamente, hay muchas formas de ayudar: con creatividad, tiempo, dedicación, acompañamiento para la reconstrucción. Es importante no solo ayudar en estas situaciones de emergencia, sino también en proyectos de cooperación a largo plazo a través de gente con experiencia que quiera implementar proyectos que puedan ayudar a las personas, siempre desde la realidad de allí, es bueno.
