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Cada 27 de septiembre, la Familia Vicenciana celebramos uno de nuestros días más importantes: la festividad de nuestro fundador, San Vicente de Paúl. Con una mirada totalmente nueva, revolucionó la forma en la que la Iglesia y el mundo se acercaba a los más vulnerables a través del amor y los corazones generosos. Este año, la celebración tiene un cariz especial, ya que coincide con la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado. Desde 1914, la Iglesia realizada esta celebración de manera anual, teniendo como objetivo a todas aquellas personas que, por algún motivo, deben abandonar sus hogares por motivos climáticos, económicos, políticos o sociales.
Una mirada que transciende espacio y tiempo.
Las migraciones se han producido de forma constante a lo largo de la historia. La Francia de San Vicente de Paúl también se vio afectada por esta realidad, era un país salpicado por los conflictos bélicos: la guerra de los 30 años (1618 – 1648), la guerra franco – española (1635 – 1659) y la guerra de la Fronda (1648 – 1653). Si bien el siglo XVII es el Gran Siglo para los franceses, estos conflictos provocaron miles de desplazados que aumentaron de forma drástica los niveles de pobreza.

Durante sus viajes con la Familia Gondí, era director espiritual de la señora Gondí y profesor de sus hijos, se dio cuenta de la dura realidad que vivían mi les de personas a lo largo del país. Por ello en 1625, con ayuda de los Gondí, fundó la Congregación de la Misión con el objetivo de evangelizar a las comunidades rurales más pobres, pero su acción no quedó ahí. San Vicente era muy consciente de que se debía hacer algo más por lo que en 1633, junto a Santa Luisa de Marillac, fundó la Compañía de las Hijas de la Caridad que se dedicó a ayudar y cuidar a los enfermos y más vulnerables de la época.
Su misión y visión fue capaz de movilizar a una parte muy importante de las figuras políticas de la época, como la reina Ana de Austria. La nueva mirada hacia los más vulnerables que difundió e implantó entonces, se encuentra en la base de las ONGD que trabajamos en la actualidad. Las organizaciones que formamos parte de la Familia Vicenciana tenemos asumida su respuesta, una respuesta que compartimos y de la que aplicamos sus principios allí donde estamos presentes.
La infancia en el centro: “Incluso uno de los más pequeños”.
Este año, el lema de la Jornada se ha centrado en los más pequeños: las y los menores migrantes y refugiados, que son especialmente vulnerables a la separación familiar, la explotación, la trata o la violencia. En su mensaje para esta Jornada, el Papa León XIV ha recordado que: “Las instituciones públicas y privadas están obligadas a situar en el centro la protección y la dignidad de cada niño y adolescente.”

Aunque en 400 años el contexto haya cambiado, la pregunta sigue estando presente: ¿qué hacemos ante un niño que necesita protección? San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac lo tenían claro e impulsaron toda una red de acogida, apoyo y educación para el futuro. Las organizaciones que pertenecemos a la Familia Vicenciana, como COVIDE – AMVE, actualizamos esta respuesta al siglo XXI centrándola en la protección de los derechos humanos. Ayudando a garantizar la protección frente a la violencia, la reunificación familiar, los espacios seguros de acogida o el derecho a la educación y la salud. Tal y como pedía el Santo Padre en su mensaje de este año: “hay que desplazar el eje del debate de la mera gestión de los flujos migratorios a la protección plena e inmediata de los derechos humanos.”
Pero esto no es suficiente, es necesario actuar no solo en los países y lugares receptores, sino también en los países de origen para intentar solucionar las causas por las que estas personas se ven obligadas a huir. Nuestros procesos de trabajo en estas áreas se pueden resumir en tres actitudes:
Mirar.
No solo vemos la realidad, sino queremos entenderla para poder actuar de la forma más efectiva posible sobre la raíz de los problemas. Creemos firmemente en que todos los países pueden desarrollarse de manera sostenible, ofreciendo un futuro vivible para todas y todos.
Escuchar.
Una parte imprescindible de nuestro trabajo consiste conocer las historias de las comunidades a las que ayudamos. Queremos ayudarles a solucionar sus problemas reales, aquellos que les afectan de forma de diaria y que les impiden crecer y desarrollarse.
Actuar.
Aplicamos toda la información de las dos primeras actitudes en acciones concretas. Incidimos sobre las causas estructurales que provocan estas situaciones a través de nuestras misioneras y misioneros: las Hijas de la Caridad y los Misioneros Paúles que trabajan en los países del sur global.
Construimos oportunidades para las comunidades más vulnerables.
El compromiso vicenciano con las personas migrantes, refugiadas y desplazadas sigue tomando forma hoy a través de nuestros proyectos de cooperación y ayuda humanitaria. Desde COVIDE-AMVE trabajamos junto a las comunidades locales y a la Familia Vicenciana para responder tanto a las necesidades más urgentes, como para acompañar procesos que permitan recuperar autonomía, seguridad y futuro.

En Nador, Marruecos, apoyamos a personas migrantes en situación de especial vulnerabilidad, con especial atención a mujeres y menores. Muchas de ellas sobreviven en asentamientos situados en los bosques próximos a la ciudad, en condiciones que afectan gravemente a su salud y bienestar. El proyecto busca cubrir necesidades básicas como alimentación, vestido, protección frente al frío y atención sanitaria, pero también ofrecer una presencia cercana, humana y espiritual que permita escuchar y acompañar a quienes sufren situaciones de exclusión y vulneración de derechos.

En Mozambique, nuestra acción se dirige también a jóvenes desplazados por el conflicto de Cabo Delgado. En la provincia de Nampula, COVIDE-AMVE impulsa actualmente un proyecto que facilita el acceso a formación técnica y profesional a 30 jóvenes desplazados, con especial atención a las mujeres. La intervención no se limita a la formación: incluye acogida, talleres sobre igualdad, inclusión y sostenibilidad, prácticas profesionales y acompañamiento para favorecer su inserción laboral y social. El objetivo es que quienes han tenido que abandonar su hogar puedan recuperar oportunidades y construir un proyecto de vida digno en las comunidades que les acogen. Cuatro siglos después, el Carisma Vicenciano sigue recordándonos que nadie debería quedar al margen cuando necesita protección, acogida y una nueva oportunidad para comenzar.
