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Un año más celebramos el Día Mundial de la Justicia Social, fecha elegida en el año 2007 por la Asamblea de las Naciones Unidas para recordar la importancia de que todas y todos, independientemente de nuestro lugar de nacimiento, tenemos derecho a vivir un presente y un futuro sostenible.
Las desigualdades del siglo XXI.
La desigualdad económica sigue siendo la principal desigualdad del siglo XXI. Pero el nuevo siglo ha traído consigo nuevas formas de exclusión que profundizan las brechas ya existentes. En la actualidad, hablar de justicia social implica mirar también estas desigualdades emergentes que condicionan el presente y el futuro de millones de personas.
- La brecha digital: Esta no solo limita el acceso a la información, sino que condiciona la educación, el empleo y la participación ciudadana. Mientras en algunos lugares el acceso a internet es inmediato y constante, en otros sigue siendo un privilegio inaccesible. Esta diferencia amplía las distancias educativas y económicas entre territorios y generaciones.
- La desigualdad climática: Las comunidades que menos han contribuido al cambio climático son, paradójicamente, las que más sufren sus consecuencias: sequías prolongadas, pérdida de cosechas, desplazamientos forzados o inseguridad alimentaria. La crisis ambiental no es solo una cuestión ecológica, sino también profundamente social.
- La feminización de la pobreza: las mujeres siguen padeciendo profundas discriminaciones, especialmente en los países del sur global. La pobreza es una de estas discriminaciones ya que la falta de oportunidades de acceso al mercado laboral (solo 60,1% puede hacerlo), la carga de los cuidados (que continúan sostenidos por ellas), el desigual acceso a educación o la violencia, son algunas de las causas que hacen que ellas sean las que principalmente padecen esta lacra.

La precariedad laboral, las migraciones forzadas y el acceso desigual a servicios básicos como la salud o la educación, son otras de las desigualdades que siguen presentes en el siglo XXI. Estas realidades nos muestran que la justicia social no puede limitarse a corregir desigualdades económicas, sino que debe abordar las causas estructurales que perpetúan la exclusión.
La Cooperación Internacional: construyendo justicia social global.
Cuando hablamos de justicia social, no podemos quedarnos en el diagnóstico de las desigualdades. Debemos comprometernos y pasar a realizar acciones concretas para alcanzar este objetivo. La cooperación internacional es una herramienta clave para transformar realidades desde un enfoque de derechos, buscando no solo aliviar necesidades inmediatas, sino modificar las estructuras que generan exclusión.

Trabajar por la justicia social a través de la cooperación internacional implica apostar por procesos sostenibles que fortalezcan a las comunidades, promuevan su autonomía y garanticen oportunidades reales de desarrollo. La educación de calidad, el acceso a servicios de salud, la seguridad alimentaria o el empoderamiento de mujeres y jóvenes no son únicamente ámbitos de intervención social: son pilares fundamentales para reducir desigualdades y construir sociedades más equitativas.
Para que esto sea posible, debemos entender la cooperación desde la corresponsabilidad y el trabajo conjunto con actores locales. Solo así podremos avanzar hacia soluciones duraderas que fortalezcan redes comunitarias y apoyen iniciativas que nacen de las propias comunidades. En este camino, cada proyecto que impulsa el acceso a derechos básicos representa un paso hacia la justicia social. Cada proyecto exitoso en los países del sur global, es una muestra de que el compromiso colectivo puede transformar realidades.
La justicia social te necesita. ¡Constrúyela!
La justicia social no es una tarea reservada a gobiernos, instituciones internacionales o grandes organizaciones. Se construye cada día, en lo cotidiano, en las decisiones que tomamos y en la forma en la que nos relacionamos con los demás. Cada persona tiene un papel que desempeñar en la creación de un mundo más justo.
- Infórmate: toma conciencia de las realidades que existen tanto a nivel global como en nuestro entorno más cercano, permitiéndote actuar de forma correcta. No olvides revisar tus hábitos de consumo, optar por prácticas más sostenibles y apoyar iniciativas que promuevan el comercio justo y el desarrollo local.
- Hazte voluntario: El voluntariado es otra vía concreta para implicarse. Ofrecer tiempo, conocimientos o experiencia profesional puede marcar una diferencia significativa en la vida de otras personas.
- Dona y difunde: Colaborar económicamente con proyectos de cooperación, difundir iniciativas solidarias o participar en campañas de sensibilización son formas reales de contribuir a la reducción de desigualdades.
- Reconstrúyete para construir: escucha con respeto, rechaza discursos de odio, defiende la dignidad de quienes sufren exclusión y educa en valores de igualdad y solidaridad. Son gestos que parecen pequeños, pero que, sumados, generan cambios profundos.

Construir justicia social es una responsabilidad compartida. Cada paso cuenta. Cada gesto suma. Y cuando muchas personas deciden comprometerse, el impacto se multiplica. Un mundo más justo no se espera: se construye, entre todos, cada día.
