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Este año, Bakú (Azerbaiyán) acoge la celebración por el Día Mundial del Medio Ambiente que se celebra el 5 de junio. A través del hashtag #PorElClimaYA, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha recalcado que estamos en un momento decisivo, pues estamos en un ascenso de temperaturas superior a los 1,5 ºC que nos pusimos como límite en la cumbre de París del año 2015. Por ello, este día mundial es un buen momento para alzar la voz y revindicar un planeta y un futuro vivibles para nuestra generación y las futuras.
¿Qué es el medio ambiente?
Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente celebrada en Estocolmo en 1972, el medio ambiente se puede definir como:
Conjunto de elementos físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de causar efectos directos o indirectos, a corto o largo plazo, sobre los seres vivos y las actividades humanas.

Por ello, el medio ambiente no es una cuestión meramente ecológica, sino que su mejora o degradación afectan de forma directa a la alimentación, a la salud de las personas, a la vivienda o al futuro de las comunidades. Así, hablar de medio ambiente no es hablar solo de árboles, océanos o paisajes. Es hablar también de personas. De familias que ven cómo sus cosechas se reducen por la falta de lluvia. De comunidades que tienen más dificultades para acceder al agua. De niñas y niños cuya educación se ve interrumpida por la pobreza, los desplazamientos o la falta de recursos básicos. De mujeres que, en muchos lugares, asumen una carga mayor cuando el entorno se vuelve más frágil.
Cambio climático y desigualdad: una realidad que golpea más a quienes menos tienen.
La crisis climática nos recuerda que vivimos en un mundo profundamente interconectado. Lo que ocurre en un lugar del planeta puede tener consecuencias muy lejos de allí. Sin embargo, no todas las personas tienen las mismas posibilidades de protegerse frente a sus efectos. Las comunidades con menos recursos suelen tener más dificultades para acceder a viviendas seguras, centros de salud, escuelas, sistemas de agua potable o a una alimentación sana y completa. Esto hace que una sequía, una inundación o la pérdida de cosechas no sean solo problemas ambientales, sino también sociales, educativos, económicos y sanitarios.

En estos contextos, las mujeres, las niñas y los niños suelen estar especialmente expuestos. Muchas veces son quienes recorren mayores distancias para buscar agua, quienes ven interrumpida su escolarización o quienes asumen nuevas responsabilidades dentro del hogar cuando las condiciones de vida se complican. Por eso, la respuesta a la crisis ambiental no puede limitarse únicamente a reducir emisiones o proteger ecosistemas, aunque ambas tareas sean imprescindibles. También debe incluir el fortalecimiento de las comunidades, la defensa de los derechos humanos, la igualdad de género, el acceso a la educación, la salud y la alimentación. Cuidar el planeta significa cuidar las condiciones que hacen posible una vida digna.
COVIDE-AMVE: una misión que cuida la vida y la dignidad.
En COVIDE-AMVE entendemos la cooperación como una forma concreta de compromiso con las personas y comunidades que viven en situación de vulnerabilidad. Nuestra labor nace del carisma vicenciano y una identidad misionera que nos llama a estar cerca, escuchar, acompañar y responder allí donde la vida necesita ser cuidada. A través de nuestros proyectos, trabajamos junto a comunidades locales, misioneras, Hijas de la Caridad y diferentes agentes sociales para apoyar iniciativas relacionadas con la educación, la salud, la alimentación, la protección de la infancia, la promoción de la mujer y el fortalecimiento comunitario.

Todas estas áreas están profundamente conectadas con el cuidado de la Casa Común. Porque no puede haber desarrollo verdadero si no se protege el entorno en el que viven las personas. Y no puede haber sostenibilidad si no se tiene en cuenta a quienes más sufren las consecuencias de la desigualdad. La ecología integral nos invita precisamente a comprender que todo está relacionado: la naturaleza, las personas, las comunidades, la economía, la educación, la salud y la justicia social. Cuidar el medio ambiente es también cuidar los vínculos que sostienen la vida.
¿Tu aportación? Cuidar de la Casa Común desde lo cotidiano.
El Día Mundial del Medio Ambiente es una oportunidad para renovar nuestro compromiso. No solo desde los grandes acuerdos internacionales o las decisiones políticas, sino también desde lo cotidiano. Cada gesto cuenta: reducir el consumo innecesario, cuidar el agua, reutilizar, reciclar, consumir de forma responsable, informarnos, educar en valores de sostenibilidad y apoyar iniciativas que trabajan por un mundo más justo.

Pero también es importante mirar más allá de nuestros hábitos individuales. La crisis ambiental necesita respuestas compartidas, comunidades comprometidas, instituciones responsables, empresas conscientes y una ciudadanía capaz de comprender que el cuidado del planeta no es una moda, sino una urgencia. Como ONGD, creemos que la solidaridad también se expresa en la forma en que cuidamos el mundo que habitamos. Porque cuando protegemos la tierra, el agua, los alimentos y la vida, estamos protegiendo también las oportunidades de millones de personas.
