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Hoy, 18 de febrero, la comunidad cristiana celebramos el Miércoles de Ceniza, festividad con la que se inicia la cuaresma, un periodo de 40 días en el que nos preparamos para la Pascua. Durante este tiempo, los católicos tenemos un profundo periodo de reflexión interior buscando cambiar para ser mejores personas y renovar nuestro compromiso con el Evangelio.
Escuchar y ayunar. Mensaje del Papa León XIV.
Este año, el Papa León XIV, ha centrado su mensaje de Cuaresma en dos elementos esenciales: la escucha y el ayuno. Tal y como señala el Santo Padre, el primero de estos elementos es clave para estar en disposición de relacionarnos con los demás. A través del Evangelio, debemos ser capaces de escuchar a aquellos que más lo necesitan y dar respuesta a sus necesidades: “Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él.”

El segundo elemento, el ayuno, no solo consiste en no comer alimentos, sino que también nos predispone a acoger el mensaje de Jesús. Esto supone que no solo hay que ayunar de alimento, sino también de otras prácticas que nos alejan de Dios. Por ello, el Papa nos invita a “una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo.”
Por tanto, el Papa nos anima a vivir una cuaresma que renueve la forma en la que nos comunicamos con los demás. Nos invita a transformar nuestra relación con Dios a través de una escucha atenta y un ayuno de aquello que nos separa de los demás. Un cambio que nace desde la oración y la reflexión, reflejándose en la forma en la que vivimos, cómo nos relacionamos con los demás y cómo nos comprometemos con los que más vulnerables.
La Cuaresma desde el Carisma Vicenciano.
El Padre General, Tomaž Mavrič, CM, nos invita en su mensaje de Cuaresma a vivir este tiempo como un periodo de renovación personal y comunitaria. Nos recuerda como San Vicente de Paúl vivó en Jesús al evangelizador de los pobres y que, seguirle, no significa “imitar gestos aislados, sino en asumir su manera de mirar a las personas”, siendo capaces de ver su dolor y sufrimiento para responder con “una caridad activa, humilde y creativa.”

A lo largo de todo el mensaje, el Padre General nos recuerda uno de los valores y actitudes más importantes de la comunidad vicenciana: la humildad. Gracias ella, el carisma vicenciano sigue más vivo que nunca en nuestras comunidades, nuestro trabajo y nuestro día a día: “No olvidemos que solo una profunda humildad permite que el carisma y la espiritualidad sigan siendo fecundos.”
Una cuaresma profundamente misionera.
Una Cuaresma misionera no comienza con grandes gestos, sino con pequeñas acciones diarias: mirar con más compasión, hablar con más delicadeza, actuar con mayor coherencia y comprometernos con más valentía. Es dejar que el Evangelio transforme nuestra manera de vivir, de relacionarnos y de servir.
Nuestros proyectos de cooperación internacional son también expresión de esta misión compartida. A través de la educación, la salud, la alimentación y el acompañamiento a comunidades vulnerables, la caridad se hace acción y la esperanza se vuelve concreta. Cada iniciativa que apoyamos es un modo de vivir el Evangelio con coherencia, poniendo en el centro a quienes más lo necesitan.

Esta Cuaresma 2026 puede ser una oportunidad para dar un paso más. Puedes implicarte dedicando tiempo al voluntariado, difundiendo nuestra labor, colaborando económicamente con nuestros proyectos o, sencillamente, incorporando en tu vida cotidiana actitudes de escucha, respeto y servicio. Recuerda: cada gesto cuenta., cada compromiso suma. Únete a nosotros y se parte del cambio. Llenemos el mundo de sonrisas.
