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El acceso a una alimentación suficiente y saludable es una de las realidades que damos por sentadas en el norte global, pero en el resto del mundo esto no ocurre así. A día de hoy, millones de personas en el mundo siguen padeciendo hambre por la falta de acceso a los alimentos, no pudiendo tener una dieta sana y equilibrada que les permita tener una buena salud. Buscando luchar contra esta realidad, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), proclamó el 16 de octubre como Día Mundial de la Alimentación. Este año, la jornada está centrada en la innovación tecnológica en el sector de la alimentación, buscando que esta herramienta ayude a garantizar un acceso a alimentos sanos y nutritivos para todas y todos.
¿Se producen alimentos suficientes para todas y todos en el mundo?
A pesar de la leve mejoría que muestra El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo para el año 2026, todavía existen entre 608 y 696 millones de personas en el mundo que padecieron hambre durante el año 2025. Además, 2.100 millones de personas en todo el mundo padecieron inseguridad alimentaria moderada o grave en el mundo. El caso de África es especialmente preocupante, pues más de la mitad de su población padeció esta inseguridad durante el pasado año.
PORCENTE DE PERSONAS QUE PADECIERON INSEGURIDAD ALIMENTARIA MODERADA O GRAVE EN EL MUNDO EN EL AÑO 2025 de Comunicación COVIDE-AMVEAnte cifras de este calibre, la pregunta que cabe hacerse es evidente: ¿existe en el mundo alimentos suficientes? La respuesta es clara: Sí, más que suficiente. Según daros de la FAO, el mundo produce unos 11.000 millones de toneladas de alimentos al año. Esto supone que el mundo tiene la capacidad de alimentar a 8.000 millones de personas, siendo posible incluso llegar a 3.000 millones de personas más. Por tanto, el problema del hambre en el mundo no es un problema de falta de alimentos, sino un problema de desperdicio, distribución y acceso a este derecho.
Innovación no es más tecnología.
La innovación no implica de forma exclusiva la aplicación de mayores ratios tecnológicos a este sector, sino que incluye muchos otros aspectos. La FAO incluye:
| Escuelas agrícolas para agricultores. | Formas tradicionales eficientes de gestión de recursos. |
| Facilidades de acceso a la financiación. | Nuevos sistemas de comercialización de productos. |
| Conocimientos locales y tradicionales y avances científico-tecnológicos. | Mejoras en los sistemas de almacenamiento y distribución. |
Los protagonistas de todo este proceso no tienen que ser las ONGD, sino los propios productores, las agricultoras y agricultores y las comunidades rurales. Ellos son agentes de cambio en la mejora y transformación de los sistemas alimentarios. Las comunidades rurales, por ejemplo, cuentan con métodos tradicionales de gestión de sus recursos, como el agua y la tierra. Esto es clave porque no hay soluciones mágicas. Cada contexto, cada comunidad, cada lugar, tienen sus propias problemáticas, sus propias características, lo que provoca que no todas las respuestas sirvan para todos los lugares. Es por ello por lo que la participación de estas comunidades es esencial.
Luchando por garantizar la seguridad alimentaria en el sur global.
A través del trabajo con las comunidades más vulnerables, desde COVIDE – AMVE, acompañamos proyectos en donde los conocimientos, los recursos y las nuevas herramientas son capaces de generar oportunidades de futuro. Para nosotros, la innovación es inseparable de la cooperación al desarrollo y buscamos adaptar soluciones a los territorios donde son demandadas: respuestas tecnológicas adaptadas, estructuras arquitectónicas resilientes y soluciones sostenibles en el tiempo.

En Mbandaka, República Democrática del Congo, desarrollamos un proyecto agrario dirigido a 25 familias en situación de vulnerabilidad. La intervención parte de una parcela de seis hectáreas en Bon Secours y plantea facilitar el acceso a la tierra, a recursos productivos y a formación para que las propias familias puedan producir alimentos y generar ingresos. Uno de los elementos más innovadores es la instalación de un sistema de riego por goteo alimentado mediante energía fotovoltaica, una solución que permite aprovechar mejor el agua y reducir la dependencia de otras fuentes energéticas. Pero el proyecto va más allá de mejorar la producción. También busca fomentar el asociacionismo entre las familias y favorecer la creación futura de cooperativas agropecuarias, de manera que el trabajo colectivo pueda reforzar su autonomía económica y facilitar la comercialización de los productos. De esta forma, una innovación técnica se combina con otra igualmente importante: la organización de la propia comunidad.

En Chókwè, Mozambique, trabajamos también para mejorar la seguridad alimentaria en un contexto eminentemente rural y muy dependiente de la agricultura. Allí, el proyecto combina la respuesta a las necesidades alimentarias con la mejora de infraestructuras educativas resilientes, buscando que alimentación, educación y adaptación frente a los fenómenos climáticos avancen juntas. La intervención se encuentra actualmente en ejecución y forma parte de la apuesta de COVIDE-AMVE por fortalecer las capacidades de comunidades expuestas a situaciones recurrentes de vulnerabilidad.
